martes, 15 de julio de 2008

Material que recibí y comparto sobre Baja Visión

El límite entre ver y no ver tiene tratamiento especial Salud. Rehabilitación para pacientes que tienen baja visión
XIMENA AGUIAR
Anda con bastón blanco pero usa lentes y se desenvuelve con independencia. Tiene una ceguera irreversible y está aprendiendo a leer. El problema, dice María del Carmen Zas, es que la gente no está bien informada.
"El tema es que la sociedad no sabe que hay un límite entre el ver y el no ver", afirma Perla Mayo, maestra de ciegos que se especializó en el tratamiento de la baja visión.
Entre sus pacientes, hay algunos que ven pequeñas letras pero no pueden caminar sin la ayuda de un bastón; otros que ven el contorno de las caras pero no distinguen las facciones y están quienes descubren que pueden llegar a ver con la periferia de uno de los dos ojos.
La baja visión es una discapacidad visual que no puede solucionarse con un lente común ni con una cirugía, pero en la que se conserva algún resto de visión.
Según la Fundación Braille del Uruguay, "se calcula que un 1% de la población padece distintas formas de disminución visual. De esas personas, de un 80% al 90% conservan un remanente visual".
El último estudio a nivel nacional, realizado por el Instituto Nacional de Estadística en 2004, determinó que en Uruguay la prevalencia de la discapacidad alcanza al 7,6% de la población que vive en localidades de más de 5.000 habitantes. Esto implica que hay 210.400 personas con al menos una discapacidad.
De quienes declaran ser discapacitados 25% padece de ceguera o de limitaciones para ver. Es la segunda discapacidad en proporción, luego de las dificultades para movilizarse.
En el límite. Esa franja intermedia, algunas veces se asimila a la de los videntes. María del Carmen tiene un ojo completamente ciego y con el otro, y con ayuda de lentes, puede llegar a distinguir formas como las de una columna, un árbol o una volqueta.
Diariamente sufre malentendidos por su pequeño resto de visión: le niegan ayuda al pedir asistencia para cruzar avenida Ricaldoni, o escucha las quejas por su pase libre al subir a un ómnibus.
Hasta desconciertan a sus propios familiares, que por momentos olvidan la discapacidad, o en algunos casos, sostienen que lo que pasa es que "se hace el ciego", contó Mayo.
Sin embargo, para la educadora lo más preocupante es que se los asimile a los ciegos. Su inquietud por el tema comenzó cuando un niño al que le estaba enseñando braille en una escuela para ciegos, le dijo "Señora, le falta una caravana derecha". "Pero... pará, Federico, vos me ves la caravana?". "Sí, la caravana, los cordones de las zapatillas, veo esa letra grande..."
Mayo llamó a preguntar al oftalmólogo, que le dijo que el niño veía con una zona de la retina pero que, como no podía ver las letras más grandes del oftalmólogo, estaba diagnosticado como una ceguera. "El diagnóstico es correcto, hay una serie de enfermedades, pero desde lo funcional, cuando escriben incapacidad visual del 100%, no es correcto. Porque mientras tengas un resto de visión y se pueda maximizar, no es un 100% de incapacidad visual. Se los sentencia a la ceguera", afirmó Mayo.
El tratamiento de rehabilitación que Mayo comenzó a trabajar en Argentina, donde reside, y que brinda en Montevideo en el Centro Lux de Baja Visión de la óptica Lux, empieza por detectar las zonas del ojo que tienen mayor visión y amplificar la capacidad por medio de ayudas ópticas.
Además, se determinan las prácticas (luz, posición, etcétera) que ayudan a la persona a ver mejor. Un ejemplo de los que allí se tratan es Catalina, que tiene seis años, y en un determinado momento llegó a empezar clases de braille.
"Perla le dio un atril, le cambió los lentes, nos explicó bien cómo ve, el tipo de luz que puede tener y el que le molesta. Ahora sabemos, que tiene baja visión. Ve hasta 1,20 metros de lejos y además le encandila la luz. Ahora mejoró un montón en la escuela, antes no le salía escribir" contó su madre, Ana Saavedra.
verde. Parte de la dificultad para atender esta discapacidad es la falta de información. Por eso se está extendiendo un símbolo que la identifique, un bastón como el de los ciegos pero de color verde, que en Argentina es más común.
En Uruguay, está poco difundido, por lo que funciona más como llamador de atención que como explicación de la situación concreta.
En Argentina, la ley 25.682 de diciembre de 2002, impulsada por Mayo, estableció el uso del bastón verde "como instrumento de orientación y movilidad para las personas con baja visión". "Porque si te atropellan y vos llevás bastón blanco, hay una serie de beneficios, pero si llevas el bastón verde, posiblemente no tengas los mismos derechos. Lo mismo al utilizar los pases gratuitos de transporte", sostuvo Mayo.
Contó que en Uruguay tiene identificadas a seis personas con baja visión que utilizan el bastón verde. "Pero sé que hay más que se pusieron en contacto con Argentina a través del correo electrónico", añadió la especialista.
Wendy Alvernas es una de ellas. Tiene 29 años, descubrió su discapacidad a los 13 años, y entonces quería ocultarla. Tiene una mancha en el centro de la retina y no puede reconocer caras. Eso le valió que la catalogaran de antipática.
Luego conoció el nombre de lo que le pasaba. Hoy, con 29 años, lejos de esconderse, intenta divulgar su situación. Desde hace dos años que usa el bastón verde, principalmente como símbolo. De noche la ayuda a moverse y le brinda seguridad. De día le sirve para pedir que le avisen qué ómnibus viene, porque la gente si no conoce su dificultad, puede pensar que está intentando engañarlos.
No se soluciona con lentes ni cirugía
QUÉ ES Una persona con baja visión no ve con lentes convencionales, tiene problemas en su vida diaria para realizar actividades como cocinar, escribir, leer o mirar los rostros de las personas. Esa condición no puede ser solucionada ni con lentes ni con procedimientos quirúrgicos.